«Abran los ataúdes»: Piñera y la necropolítica

Por Cristián Villanueva Acevedo @Protocultor para El Quinto Poder

En “El corazón del hombre” Erich Fromm hace una larga y (y actualmente muy necesaria) exposición sobre los tipos de violencia y lo que viene al caso, sobre el carácter de aquellos que aman la violencia. Fromm dice que estas personas se sienten atraídas y fascinadas por todo lo que no vive, por todo lo muerto: cadáveres marchitamiento, heces, basura y son aficionados a hablar de enfermedades, entierros. Se sienten vivos, precisamente cuando comienzan a hablar de la muerte.

Para esto, cita un testimonio sobre Hitler antes de que ascendiera al poder. Una información de la primera guerra mundial (Fromm aclara que sería muy difícil de comprobar) dice que un soldado vio a Hitler como en estado de trance mirando detenidamente un cadáver en descomposición, negándose a alejarse. Con esto Fromm ejemplifica claramente el tipo de necrófilo que era Hitler. Lo fascinaba el olor a muerte y demostraba que su satisfacción más profunda, consistía en presenciar la destrucción total y absoluta.

Al arbitrio de este rasgo característico estuvieron las vidas de cientos de jóvenes mutilados desde el 18-O y las vidas de toda una generación sobreviviendo pensiones paupérrimas y que son los más vulnerables ante esta pandemia.No pude evitar recordar este hecho cuando en el funeral de Bernardino Piñera, arzobispo emérito de La Serena investigado por el Vaticano por abuso sexual a menores, el presidente ordena abrir la tapa del ataúd de su tío. Se genera entonces una pequeña discusión entre los asistentes del funeral, pues algunos alegaban que el protocolo sanitario lo prohibía. Finalmente, una persona decreta que “Sebastián quiere verlo” y abre la tapa del ataúd haciendo la voluntad del presidente sin ningún tipo de consideración ni escatimar riesgos. Pensé lo mismo cuando el presidente fue a tomarse la famosa selfie en Plaza Dignidad. Personalmente, no me pareció un acto de provocación alevoso, sino más bien  el acto pueril del niño que necesita toda la atención del mundo y por lo mismo debemos tolerar todos y cada uno de sus berrinches. En todo caso, estaba en su derecho ¿no? quedar como un bobo ante el público y boicotear su propio gobierno es problema suyo, el problema lo veo en su incapacidad para gobernar si no es pensando en sí mismo; es más, es un apersona que no necesita ni sabe autogobernarse porque el impulso es su rasgo característico.

Tampoco pude evitar recordar (jamás lo olvidaré) lo que para mí es la Piñericosa más repugnante y despreciable de todas. Piñera fue controlador de LAN hasta muy entrado su primer periodo de presidente, a pesar de las presiones para hacer un fideicomiso ciego. Según trabajadores y tripulación, el comportamiento de Piñera en los vuelos de LAN era bastante infame:

«Son varios los trabajadores que recuerdan la suerte de la auxiliar de vuelo Gina Ampuero, quien tuvo la mala suerte de pisar un pie al propietario de la empresa [Sebastián Piñera] en uno de sus viajes. “Él estaba echado hacia atrás con la pierna extendida hacia el pasillo”, relata uno de los testigos del hecho. “Gina lo pasó a llevar por accidente, pero él reaccionó muy ofuscado: ‘¿Tú quieres pisarme? ¡Yo voy a enseñarte cómo se pisa!’, le dijo y le dio un tremendo pisotón. Gina quedó con dos falanges fracturadas. Estuvo un mes con licencia”. Las pesadillas de esa auxiliar no terminaban allí. Era acosada constantemente por su sobrepeso. Su jefe la pesaba cada vez que iba a abordar, con el argumento de que su peso podía afectar la carga del avión. Poco tiempo después se suicidó.» El testimonio de este hecho lo cuenta Alejandra Matus en La huella del patrón Sebastián Piñera en Lan, aparecido el 2009 en The Clinic.

Ahora, hay un conocido experimento que es utilizado para detectar conductas sociopáticas que consiste en una pantalla mostrando los caracteres X e Y. La idea es que cuando aparezca una de las dos, la persona presione uno de dos botones correspondientes al carácter que ve proyectado rápidamente en la pantalla. No es casualidad que sean X e Y, porque los caracteres se parecen mucho y la idea es confundir a las personas para evaluar su reacción. La gente normal trata de hacer coincidir lo que ve proyectado mientras presiona el botón. A medida que aumenta la velocidad del experimento, la gente tiende a equivocarse más y naturalmente a frustrarse mientras se equivoca. Siente culpa por arruinar de alguna forma el experimento o su propio desempeño. Pero ocurre algo interesante: las personas con rasgos sociopáticos no se frustran al equivocarse, de hecho, a algunos les da lo mismo presionar Y cuando en la pantalla se muestra una X. No tienen remordimiento ni les importa el experimento, es decir, no se inmutan ni mucho menos se ofenden.

Ese es el rasgo característico de Sebastián Piñera y es lo que debería preocuparnos: tener a un sociópata al mando de las crisis más importantes de los últimos 50 años de historia. Su acto es un acto de un egocentrismo sociopático. Tiene la mentalidad de un niño que no sabe compartir lo que tiene, quiere todo sólo para él. Y si se aferra asimismo al dinero, es porque decidió vivir una vida egoísta. Al arbitrio de este rasgo característico estuvieron las vidas de cientos de jóvenes mutilados desde el 18-O y las vidas de toda una generación sobreviviendo pensiones paupérrimas y que son los más vulnerables ante esta pandemia. Lo que provoca entonces es que no le importa en absoluto ofender a nadie, arriesgar la salud de sus familiares ni mucho menos pasar a llevar la dignidad de todo un pueblo. Ni molestarnos en esperar un mea culpa o reconocer el error, al menos, para aparentar o fingir un poco ante la opinión pública.

Como decía Fromm, un hombre ordinario con poder extraordinario es el principal peligro para la humanidad sumida ante quienes padecen el síndrome de decadencia, necrófilos que aman la violencia y se fascinan ante la muerte. En el sentido Frommiano la necrofilia tiene un significado distinto al común referido a aquellas personas que sienten atracción sexual por los cadáveres. Son personas que se ven incapacitadas de apreciar la vida, por ello el presidente siente más aprecio por el dinero, es decir, el capital, que curiosamente según Marx, es trabajo muerto. Esto es precisamente lo que define, no solo a un necrófilo, sino también a la necropolítica implementada desde octubre de 2019, que consiste en amedrentar a las personas a riesgo de quitarles la vida para defender, mediante una política de la muerte, el universo de las cosas materiales. Siguiendo a Fromm, es característica del necrófilo la actitud hacia la fuerza, que, para Simone Weil, es la capacidad para convertir a una persona en cadáver. Así como la sexualidad puede crear vida, la fuerza puede destruirla: Eros vs Thanatos, el amor contra la muerte, biófilos versus necrófilos. Somos testigos de la radicalidad de las dicotomías básicas de la existencia humana.

Pienso que en esto consiste precisamente la gravedad del asunto: estamos sometidos a un presidente con síntomas expresos de sociopatía y la ofensa será mayor cuando estampe su firma en la que debería ser la nueva constitución.

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